viernes, 4 de noviembre de 2011

MENOS DINERO, POR FAVOR, PARA UNA MEJOR EDUCACIÓN

Hace ya tiempo que en el cerebro de nuestros políticos se ha instalado una nefasta fijación: que para mejorar la educación en nuestras aulas hace falta invertir cuanto más dinero mejor. Incluso en tiempos de crisis se recortan todas las partidas presupuestarias pero siempre se tiene buen cuidado en exceptuar la “sanidad, la asistencia social… y la educación”.
Sólo quien está a pié de pizarra sabe de verdad hasta qué punto la letra con sangre no entra, como tampoco entra la letra con ordenadores portátiles personalizados para cada alumno. Cuando yo era un tierno infante de siete u ocho años aún íbamos al colegio con un solo libro en la cartera (cartera de cuero bueno, eso sí, no de plástico con la Sirenita o el escudo del Barça). El famoso libro único se llamaba Enciclopedia Álvarez y pasando sus páginas se saltaba de matemáticas a historia o de ciencias a religión (Dios era un ojo dentro de un triángulo…, el ojo que todo lo ve). Es decir, que durante la niñez se pueden aprender todas las asignaturas del año utilizando un solo libro -que ni siquiera pesaba tanto- y conseguir terminar años después los estudios de médico, perito, electricista o abogado. Hoy, en cambio, porque ya somos ricos y de repente todo aquello nos sabe a poco, cargamos las espaldas de nuestros escolares con 8 kilos de manuales de papel grueso y a todo color para conseguir quién sabe si los mismos resultados (ay, podría ser que hasta peores…).
¿Conocen el informe PISA? Es un estudio mundial, realizado a alumnos de 15 años, en el que se evalúan sus conocimientos en ciencias, matemáticas y comprensión lectora. De él se desprenden algunos datos interesantes: que el PIB o la renta per cápita de cada país influyen, sí, en la calidad global de los resultados, pero mucho menos que otros factores no tan pecuniarios. Así, los hijos de padres que han sido universitarios tienden a obtener mejor rendimiento que los estudiantes con padres sin estudios (entiéndase, los conocimientos no se heredan de cerebro a cerebro, lógicamente, pero los primeros, de promedio, vigilarán más de cerca el quehacer escolar de sus hijos); también mejoran claramente nota los estudiantes que viven en una casa donde hay más de 500 libros respecto a aquellos en los que hay menos de una decena (no se líen, hay muchísimos ricos sin un solo libro en casa y gente corriente con paredes tapizadas de libros hasta el techo). Así, no debe sorprender que los escolares de un país como EEUU (46.000 dólares de renta per cápita) obtengan en las pruebas PISA peores resultados que los de Lituania (14.000 dólares) y prácticamente idénticos a los de nuestra modesta Andalucía (modesta, sí, para los EEUU, pero adinerada para Lituania…). Es decir, que la letra con dólares tampoco entra, la letra entra sólo con buenas y razonables ideas educativas y, que se sepa, generar ideas es una actividad cerebral gratis y que aún no pasa por caja. ¿O queremos comparar la dotación de un centro escolar lituano con uno californiano o incluso andaluz?, mobiliario de última generación, pizarras interactivas, proyectores en pantalla gigante, ordenadores personalizados, manuales de clase ricos en imágenes a todo color, profesores bien remunerados, laboratorios lingüísticos y científicos… Ignoro cómo serán las aulas lituanas, pero recuerdo las nuestras de los años ’70: tiza sobre pizarra (nuestro software), libretas y bolígrafos (fuente: libre; tamaño de letra: a voluntad; estilo fuente: bic naranja, bic cristal) gomas Milán (suprimir), información sobre cualquier cosa en enciclopedias manoseadas (nuestro google)... Y sin embargo el rendimiento escolar (=sobresalientes y notables dividido por cada euro invertido) era claramente superior al actual. Si algunos de ustedes no dan por cierta esta última afirmación pueden detenerse en este dato: en el informe PISA de 2006 el 48% de los quinceañeros andaluces sometidos a las pruebas estaba repitiendo o “tripitiendo”, (sabia jerga estudiantil); hace cuarenta años repetir era una rara tragedia, hoy se encamina peligrosamente a entrar en la norma estadística mayoritaria.
No, no es el dinero. Por ello no piensen que los colegios privados, más ricos y mejor dotados, resultan más efectivos que los colegios públicos. Nada más erróneo el pensarlo. Obtienen sus alumnos mejores notas, sí, pero porque de media –como antes expliqué- en sus casas hay más padres universitarios y más libros a mano en las estanterías, pero cuando sólo se contabilizan las notas de estudiantes de idéntica escala económica, social y cultural de ambos sistemas, público y privado, las diferencias desaparecen del todo (incluso la enseñanza pública resulta ser ligeramente más efectiva que la privada).
¿Por qué la educación necesita menos dinero para progresar? Porque ofrecer más dinero es la solución menos imaginativa y la más fácil e inútil de las posibles, como lo eran antes los palmetazos con la regla para los que no se aprendían la tabla del siete. Porque cuando un político pide un aumento de presupuesto para la educación pierde la ocasión de reflexionar sobre sus verdaderas necesidades, que son de organización y no de materiales. Porque si entre los adultos el amor no se compra con dinero tampoco entre los niños la curiosidad y el deseo de saber se inculca a golpe de talonario. Porque un profesor aburrido será siempre aburrido aunque proyecte sus enseñanzas multimedia sobre pantalla gigante, y un profesor estimulante siempre será estimulante incluso con una simple tiza en la mano como máxima tecnología.
¿Más dinero? No, mejores profesores, por favor, y más seguimiento de los padres, y más libros en casa desde la infancia, y menos máquinas alienantes, y más fomento de la imaginación. Menos inútil enseñanza “obligatoria” y más ganas “naturales” de aprender.
No fracasan los niños de quince años, fracasan los que les marcan unas metas irreales e inalcanzables. Y en una Andalucía con un 48% de repetidores y tripitidores -de asignaturas en su propia lengua española- sólo se les ocurre a los políticos –otra meta delirante- que las asignaturas de aquí a poco se impartan sólo en inglés (Plan de Fomento del Plurilingüismo).





The Pythagorean theorem or Pythagoras' theorem is a relation in Euclidean geometry among the three sides of a right triangle (right-angled triangle) the square of the hypotenuse is equal to the sum of the squares of the other two sides.