
-¿Qué tenía que hacer yo esta noche, hada?, no me acuerdo...
-Hoy tienes banquete con baile, mi niña, y mañana un torneo de caballeros, y el sábado asistirás a la boda de un príncipe. Así que prepara tu mejor diadema.
-¡Qué guapa estás esta mañana, Lolita! –le habló la lechuza que la observaba desde la repisa de la gran chimenea.
-Oh, cállate, que hoy no tengo tiempo de parloteos contigo...
Pero Lolita -mente vivaracha y vendida a la fantasía- inventaba y recreaba con obsesión su otro mundo, ese con el que su madre solía entretenerla, sobre todo para hacerla dormir por las noches.
-Mamá, léeme una Realidad, si no no me duermo...
-Pero Lola –se lamentaba como cada noche su madre- tienes ya edad de novio o de marido, no de Realidades.
-Cuéntame otra vez esa del avión siniestrado... o no..., ¡la de levantarse a las seis y media para ir a una fábrica a apretar tornillos! ... jaja ... o no... ¡el de la dama que fracasó en tres matrimonios y se emborrachaba para olvidar!
-Vaale... hija mía... pero ya tienes casi quince años, y así te llenas la cabeza de patrañas.... Esas cosas no existen, ya te lo he dicho mil veces, no son más que Realidades....
Y su madre le llenó la cabeza, una vez más a Lolita, de historias de hombres infieles, de mujeres con pechos de silicona y de celulitis que no hay forma de eliminar, de apresuradas bodas en el barrio con barrigas de siete meses... de bobas Realidades.
Un buen día... -no... mejor, varios años después- Lola, de la que se comentaba en palacio que desvariaba y que hasta negó delante del mismo rey la existencia de los gnomos, de los filtros de amor y de los monstruos fantasmales ¡aún teniéndolos delante, y escuchando testimonio de su mágicos efectos, y sintiendo su presencia aterradora!!, un buen día, cuentan, se enamoró de un noble caballero del condado; noble, caballero y del condado, sí, pero más loco que ella.
-El mundo Realidad existe, -le susurró aquella tarde en su oreja aquel hidalgo de visita en palacio- lo demás es puro cuento.
-¿Pero Vos habéis estado allí?
-Allí no se habla de Vos... –la corrigió con dulzura- sino de “oye tú, o colega, o tronco”
Ella lo miraba embobada.
.¡”oye tu...” qué maravilla...!
Y después no dejaba de preguntar.
-¿Y es verdad que los casados “sufren”?
-Del todo cierto... y se matan embriagados de odio, si hace falta.
-¿Qué es el odio?
-No lo sé muy bien... venid conmigo y lo descubriremos.
-¿Pero me amaréis eternamente si huyo con Vos?
-Allí, en Realidad, os lo advierto, sólo se aman eternamente los que viven en el Cuento.
Viajar hasta Realidad no les fue difícil (aunque permítanme que no les revele el secreto...) , y allí Lola descubrió que el caballero efectivamente no le había engañado, y que simultaneaba relaciones con dos o tres amantes. Pensar en ello día y noche le estaba empezando a destrozar ya el estómago. Amantes a las que él (en Realidad) no amaba del todo. Él de verdad suspiraba por una mujer, la más hermosa e inmaculada, mujer que a su vez lo ignoraba. Él sólo la contemplaba, de lejos, y sufría por su ausencia.
El caballero era infeliz.
Las amantes eran infelices.
Lola era infeliz.
-¡Necesito un final feliz!! –gritaba un día arriba y abajo Lola por su habitación mientras apagaba nerviosa el cigarrillo y apuraba el último trago de whisky. Miró a un pajarillo apostado en la ventana, le preguntó cómo volver al Cuento, pero sólo consiguió que saliera volando sin más.
-Pero mi niña... –le dijo el caballero que apenas volvía de la calle con una rubia más joven y más hermosa que ella (otra amante más, y encima más inteligente, y más dulce, y más cariñosa y comprensiva que Lola... en Realidad las peores pesadillas se cumplen) ¡no puedes volver a un sitio que no existe!
-¿Cómo no existe? ¡Te conocí allí! ¡Quiero volver!
La mujer rubia y hermosa la miró, y después miró confundida al caballero.











